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Archive for 17 mayo 2013

5 Goles

 

Contexto insólito, extraño. Un partido de Champions en un desierto de público Olímpico de Roma por una sanción al club italiano. Las únicas voces que se oyen son, como si de una pachanga de barrio de tratara, de las pequeñas comitivas de cada equipo en la banda, atentas al resultado. El balón le cae en el área a uno de los nueves más singulares y enigmáticos de las últimas décadas, el búlgaro Dimitar Berbatov, entonces en el Bayer Leverkusen. Rodeado de defensas, se inventa su sombrero picándola de espaldas y supera la salida del portero y la acrobacia de Chivu con un ligero toque con el exterior. No se oye el murmullo de la hinchada romana ni el griterío de la alemana. Tan sólo una docena de voces del banco rojinegro.

 

 

Típico partido de UEFA de primeras rondas contra algún equipo desconocido. La fría Noruega, en este caso. Típico partido a medio gas y típico patadón del defensa (aún son mediados de los 90, amigos) en busca de alguna dejada y que algún delantero saque petróleo de algún rebote, rechace o error.  Lo atípico lo hace, claro, un jugador atípico. Un hincha declarado del Everton que jugó casi toda su vida deportiva en el máximo rival. Desgarbado, pequeño, zurdo cerrado. Nada tiene que ver con el delantero tanque que se lleva en las islas. Y unos recursos técnicos, como ésta maravillosa espuela, que pocas veces se han visto en Inglaterra desde que se retiró el gran Robbie Fowler.

 

 

Los dos jugadores ofensivos italianos más importantes de los últimos 25 años coinciden en un modesto club lombardo. Uno es un veterano con rodillas de cristal que acaba de dar una de sus últimas clases magistrales en el campo que le vio ser coronado como mejor jugador de Europa casi una década antes. El otro, un joven que tras fracasar en un grande (el Inter) ha variado su posición desde la mediapunta al mediocentro, emplazamiento en el cual será el cerebro tanto del máximo rival de su anterior club (AC Milan) como del equipo al que se están enfrentando (la Juve), así como de la selección italiana con la que será campeón del mundo. Pirlo envía un pase desde la mitad del campo al gran Roberto Baggio que se inventa un control que a la vez es un regate. No le hace falta más que un sutil y milimétrico toque para irse del gigante Van der Sar y quedarse sin oposición para anotar. Es mucho más difícil crear una genialidad si encima ésta es tan simple, tan limpia, tan prístina. Y Baggio siempre fue un genio.

 

 

Cuando se critica a los Ramones, casi siempre se usa el mismo argumento: es muy fácil, lo puedo hacer yo si me das 5 minutos. Sí, es cierto, al igual que también lo es con muchas obras de arte contemporáneo. Pero fueron ellos los que lo hicieron, no tú. Al igual que el gol anterior de Baggio, éste del formidable Dennis Bergkamp parte de un concepto que sorprende que, de sencillo (que no fácil) y rotundo, no haya sido un recurso mucho más utilizado en el fútbol. Recibes de espaldas, la tiras suavamente a un lado, te das la vuelta, ganas la posición al defensa y defines ante el portero. Seguro que en alguna pachanga hasta te sale. Pero fue Bergkamp el que lo hizo antes. El que lo improvisó de repente en un partido. Porque como decía Picasso: para pintar como un niño primero tuve que aprender a pintar como Velázquez.

 

 

Es curioso lo de este gol. Se dio en un partido tan sumamente infame para el recuerdo del Deportivo de la Coruña y del fútbol español que es como si nunca hubiera existido. Tanto que me ha costado encontrarlo, que no aparece nunca en los vídeos de mejores goles de su autor y que aún así cuando lo he hallado es con mala calidad y sin una repetición donde deleitarse con uno de los mejores regates que he visto en mi vida. Aquella aciega noche de Champions, el Depor de Irureta cayó por un sonrojante 8-3 en el Luis II de Mónaco en un partido extrañísimo en el que el conjunto gallego no mereció tal castigo, fue una desasosegante pesadilla de la que parecía imposible despertar, llegando incluso en algún momento (con 4-2 y a punto de marcar el Depor) a dejarles vislumbrar la remontada para luego, cruelmente, darles el golpe de gracia. Esa noche fue un agujero negro que se tragó incluso una camiseta el día de su estreno, tanto cuerpo técnico como jugadores y aficionados pidieron que nunca jamás se utilizase tal equipación. Luego está el gol de Diego Tristán, claro, que es una maravilla que si se hubiera marcado en otras circunstancias nos hubiéramos cansado de verlo en los highlights de la Champions esa temporada.

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