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Posts Tagged ‘Alan Moore’

 

El gran dibujante escocés Eddie Campbell (From Hell, Alec) cuenta cómo en el número de su revista autoeditada Bacchus en el que el personaje Joe Teseo moría y se encontraba con Dios sufrió un bloqueo creativo. ¿Cómo representas un concepto tan manido y tantas veces recreado como ese? Campbell llamó a su hija de 9 años, le dio papel y colores y le dijo que lo dibujara ella. El resultado saldría en la portada de ese número y aparecería de nuevo años más tarde en El Destino del Artista (2010), muy interesante obra pseudobiográfica y metalingüística del artista en la que su hija (ya crecida) aparece incluso en una especie de fumetti (la obra abarca varios tipos de narración como la novela policiaca o la tira cómica sin ceñirse sólo al cómic tradicional).

 

 

 

No es la primera vez que Campbell protagoniza una improvisación del estilo. En el espeluznante y magistral capítulo 10 de From Hell, El mejor sastre del mundo, William Gull asesina y descuartiza a la última de las víctimas de Jack el Destripador. 38 páginas. Sin apenas diálogo. El desmembramiento de una mujer con una precisión, tanto física como histórica, quirúrgica. Un capítulo que hizo salir de un restaurante a tomar el aire dos veces a Neil Gaiman mientras el barbudo de Northampton le contaba cómo iba a ser (“el rey de los cómics de terror Neil Gaiman, señoras y señores” comentaba con sorna). Alan Moore iba enviando los guiones de las paginas a Campbell de uno a uno y ya se tenía dibujada más de la mitad del capítulo cuando el genio barbudo se da cuenta de que ha cometido un tremendo error en su exhaustiva labor de documentación. El pecho amputado de la víctima no se halló según el informe policial en la mesita de noche (donde había sido representado en el cómic), sino en la cama al lado de la pierna derecha del cuerpo. Reescribir y volver a dibujarlo para que fuera así arruinaría semanas de trabajo y modificar tan sólo la página donde se cometía el hecho erróneo dinamitaría por completo el ritmo narrativo que ha trazado Campbell. ¿Qué hacer entonces? Moore y Campbell tienen una idea de una simplicidad genial: ¿y si el asesino puso el pecho cercenado en la mesita de noche pero después se arrepentió y lo cambió de sitio? ¿Por qué no pudo ser así? Así, finalmente en el cómic se muestra a Gull mirando pensativo hacia la mesita para después colocar el pecho al lado de la pierna de la mujer.

 

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Una tarde, en una de sus sesiones de psicoanálisis con una paciente habitual, Jung habla con ella sobre su último sueño en el cual le regalaban un escarabajo de oro (símbolo del renacimiento en el antiguo Egipto). En ese mismo instante, se escucha un golpe contra el cristal de la ventana, Jung se levanta, la abre y recoge lo que ha impactado: un escarabajo dorado, una especie rarísima en ese habitat. A partir de la experiencia, Jung define y desarrolla el concepto de sincronicidad.

Las sincronicidades (“coincidencia temporal de dos o más sucesos relacionados entre sí de una manera no causal, cuyo contenido significativo sea igual o similar”) se convierten en uno de los paradigmas de la magia del caos, versión moderna de la tradición mágica y hermética, poderosamente influenciada por las figuras de Aleister Crowley y Austin Osman Spare, y que cuenta entre sus confesos seguidores a creadores del mundo del cómic de la talla de Alan Moore, Grant Morrison o Steve Moore. Parece, por tanto, que el pensamiento mágico y el mundo del cómic se atraen y retroalimentan (no hay que olvidar que el universo de guionistas como Neil Gaiman o Alejandro Jodorowsky está también trufado de conceptos, simbología y referencias mágicas) por encima de cualquier otro medio moderno (en cine sería el gran Kenneth Anger su heraldo, quedando prácticamente vacía la lista tras él, pudiendo meter a directores como el propio Jodorowsky, Harry Smith o Curtis Harrington en ella). Quizá la razón de esa osmosis entre cómic y magia sea que la mezcla de dibujos y narración es el catalizador más adecuado a la hora de transmitir la antigua alquimia, mitología, sabiduría mágica. Parafraseando a Mercurio, dios romano del lenguaje, en Promethea del genio barbudo: “¿cómo podrían los humanos percibir a los dioses que son esencias abstractas si no los vistieran con símbolos, historias, imágenes? …o historias con imágenes, ya que estamos. La escritura jeroglífica, dibujos en vasijas. Además, ¿acaso manifestarse a través de la forma pictográfica original de la lengua no es lo más adecuado para un dios del lenguaje?”.

No sorprende, por tanto, que algunas sincronicidades tengan como protagonistas a personajes o autores del noveno arte. Alan Moore ha utilizado numerosas veces la figura de Aleister Crowley como personaje en sus obras, incluida From Hell, donde la Bestia aparece de niño comentando al inspector que los asesinatos de Jack el destripador tienen un fin mágico mientras come un dulce en forma de palito. En una convención, un seguidor thelemita se acercó a Moore y le felicitó por mostrar al infante Crowley haciendo uno de sus gestos arquetípicos: el de silencio, llevándose el índice a los labios, en este caso utilizando el palito de dulce en vez del dedo. El escritor de Northampton se disculpó y contestó que no sabía de qué hablaba, cogió el libro y comprobó para su sorpresa que era cierto. Tampoco es el único caso de Moore con algún hecho excepcional, de hecho le gusta contar cómo a veces se ha encontrado en la vida real con personajes de sus cómics, en especial con John Constantine, con quien dice haberse encontrado y charlado en un bar. No era un fan disfrazado, sino el propio Constantine salido de entre las páginas de sus obras para tomar algo y hablar tranquilamente con un atónito Moore.

La anécdota sobre personajes que saltan al plano real desde la ficción no es tampoco nueva. Tras morir el escritor pulp Walter B. Gibson, por su casa pasaron numerosos inquilinos y todos tenían una cosa en común: se quejaban aterrados de ver una figura masculina con traje, capa y sombrero oscuros deambulando por la casa. Lo que ellos no sabían es que el personaje más famoso que había creado Gibson era La Sombra.

Tampoco podía faltar, claro, Grant Morrison. El escocés afirma que antes de realizar esa obra maestra que es All Star Superman se encontró junto a su editor en una convención a un tipo vestido de el hombre de acero, cosa para nada extraordinaria en esos eventos, sin embargo a a pareja le resultó curiosa tanto su imagen (nada que ver con la de los típicos cosplays, parecía Kal-El en carne y hueso) como la manera en que les hablaba, como si fuera el auténtico Superman. Morrison estuvo charlando con él y haciéndole preguntas sobre el personaje icónico de DCy afirma que muchas ideas y puntos de vista de la obra fueron germinados en ese curioso encuentro. También una obra de Morrison, aunque en éste caso con su habitual compañero Frank Quitely como protagonista ha dado que hablar mucho por internet en los últimos tiempos. En el número 3 de su Batman & Robin el magnífico dibujante creó una portada que, al darle la vuelta, se convertía en un dibujo muy parecido al Joker de La Broma Asesina de Moore y Brian Bolland. Tanto Morrison como Quitely afirmaron no saber nada del supuesto homenaje a la mítica obra de Batman y el último se mostró muy sorprendido a la vez que alegaba que era imposible que hubiese sido a propósito ya que la sonrisa del Joker aparece al colocar el logo de la colección, inexistente en su lámina primigenia.

La portada de la discordia

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En el capítulo central de Century, la tercera parte de La Liga de los Hombres Extraordinarios de Alan Moore y Kevin O’Neill, la acción pega un tremendo brinco y del año 1910 pasa al swinging Londres de 1969. Los decimonónicos héroes Mina Murray y Allan Quatermain acompañados por el inmortal sexocambiante Orlando se las verán, de nuevo, con el temible Oliver Haddo rodeados de minifaldas, rock & roll, drogas y amor libre.

Desde el inaugural 1910, Alan Moore deja claro que la tercera entrega de su Liga no tiene nada que ver con las dos anteriores. Mientras éstas eran deliciosos crossovers entre distintos héroes y villanos de la ficción de la época con exquisitas y documentadas referencias tanto a hechos reales como literarios, en Century el genial escritor barbudo hace que la historia sea más hermética (en los dos sentidos de la palabra) y que el centro de la narración sea justamente esas referencias que abarrotan el relato y que se hace prácticamente imposible detectarlas y numerarlas en su totalidad.

La historia podría resumirse de forma muy simple: el intento de Oliver Haddo (Aleister Crowley) de poseer el cuerpo del rockstar Terner (Mick Jagger) como primer paso para crear un nueva era mundial. Para un lector que no conozca un mínimo de la historia del ocultista más famoso de la historia y de la banda más grande del rock, leer éste cómic puede atragantarse debido a la cantidad de alusiones, recovecos y pequeñas observaciones que se reproducen a lo largo del relato, sin dejar de lado, por supuesto, el bagaje histórico-literario que no deja de lado su vertiente más pop que maneja con soltura Moore.

El cómic comienza con la famosa muerte de Brian Jones (Basil Thomas aquí) en la piscina de su casa, cuyas causas a día de hoy aún no han sido totalmente esclarecidas (aunque todo parece apuntar a que el obrero que estaba haciendo las reformas en su casa le ahogó de forma accidental tras ir ambos puestos hasta arriba). El dibujo de O’Neill nos muestra la estatua de Winnie the Pooh jugando con Christopher Robin que presidía la mansión y es que antes de que el rolling stone rubio la comprara había pertenecido a A. A. Milne, su creador. La muerte de Jones alerta a la Liga sobre una posible conspiración ocultista sobre la que su antiguo miembro Carnacki les había prevenido décadas antes así como relaciona en una trama rock-gangsteril a personajes de la cultura popular como Jack Carter (interpretado en la famosa Get Carter -Asesino implacable en España- por Michael Caine) o Lovejoy, de la serie inglesa protagonizada por Ian McShane (sí, amigos, nuestro querido Al Swearengen).

Terner (Jagger) cantando en el mítico concierto de homenaje a Basil Thomas (Brian Jones) en Hyde Park, llamado así por el sacrificio de Mr. Hyde en el volumen II.

Moore renombra a sus satánicas majestades (eminencias infernales aquí) como The Purple Orchestra y a los Beatles como The Rutles, mientras que Mick Jagger es llamado aquí Terner. Pero más que al famoso cantante, el Jagger de Century tiene más similitudes con su personaje en Performance de Nicolas Roeg y Donald Cammell, cuyo nombre es… Turner. No es muy difícil intuir que la rubia que le acompaña, Phurber, no es otra que Anita Pallenberg, cuyo personaje en la misma película se llama Pherber. Está no será la única alusión a Performance en el cómic ya que en una nueva aparición (ya había salido en 1910) del fascinante personaje “el prisionero de Londres” (creado en la novela Slow Chocolate Autopsy por Ian Sinclair y que cuenta las aventuras de un hombre que viaja continuamente por el tiempo pero condenado a no poder salir de los confines de Londres), misteriosa fuente de información de la Liga, menciona en uno de sus encriptados y casi ininteligibles mensajes a Roeg (“montaje profético”) y Cammell (“dice ser su ahijado”) cuando es preguntado por la trama.

No es la primera vez que Alan Moore menciona a Nicolas Roeg en sus cómics, además se pueden leer entrevistas en las que alaba Performance y Amenaza en la Sombra (Don’t Look Now, imprescindible obra de terror de 1973 protagonizada por Donald Sutherland y la maravillosa Julie Christie) así que no extraña su comentario hacia los visionarios montajes de sus películas. ¿Pero aqué se refiere el prisionero de Londres con lo de “Cammell dice ser su ahijado”? Pues nada más y nada menos que a Aleister Crowley, amigo íntimo de Charles Richard Cammell, padre del futuro director de culto quien afirmaba que La Bestia era su padrino, que se había pasado su niñez con él por casa y que la relación entre padre y padrino acabó porque Crowley, en un acto muy propio de él, no le devolvió un dinero que Cammell padre le había prestado. Y es que es cuando Crowley (Oliver Haddo) sale a escena cuando Moore (que ya ha utilizado su personaje en From Hell o Promethea) saca a relucir su descomunal capacidad para encajar referencias.

Oliver Haddo, el villano de Century, está claramente basado en Aleister Crowley, tal es así que el propio nombre de Haddo viene de una novela del popular escritor W. Somerset Maugham llamada El Mago (y llevada al cine por Rex Ingram en los años 20). Somerset Maugham, quien había conocido a Crowley en el París de comienzos del siglo XX (cita indispensable para los intelectuales de la época) escribió su relato basándose en el ocultista creando un personaje peyorativo y mezquino. La venganza de la Bestia no se hizo esperar, y lo hizo a su estilo: Crowley escribió una columna en Vanity Fair titulada How to Write a Novel! (After W. S. Maugham) en la que desmenuzaba las obras en las que Maugham se había basado para escribir la suya (desde La Isla del Dr. Moreau de Wells hasta obras de ocultistas como Eliphas Levi o su maestro y -después rival- en la Golden Dawn Samuel “McGregor” Mathers) y lo acusaba de plagio mientras irónicamente firmaba el texto como Oliver Haddo.

Haddo en el cómic utiliza múltiples alter egos: Dr. Karswell (personaje de La Noche del Demonio de Jacques Tourner), Dr. Trelawney (de la saga literaria Una danza para la música del tiempo de Anthony Powell), Hjalmar Poelzig (personaje de Boris Karloff en Satanás -The Black Cat- del director de culto Edgar G. Ulmer), Adrian Marcato (el legendario brujo y antiguo jefe de la secta en La Semilla del Diablo de Roman Polanski), Mocata (el personaje interpretado por Charles Grey en La Novia del Diablo -The Devil Rides Out- del maestro de la Hammer Terence Fisher), Kosmo Gallion (brujo que aparecía en un capítulo de Los Vengadores y que responde a las iniciales K.G. del discípulo real de Crowley Kenneth Grant) o Tom Riddle (nada menos que el Lord Voldemort de la popularísima saga de Harry Potter). Lo que tienen los distintos carácteres en común es obvio: todos están basados en la figura, más o menos mitificada, de Aleister Crowley. Moore, así, a la vez que da forma a la trama de un peligroso villano inmortal hace un repaso de la influencia de la figura crowleyana en la cultura popular del siglo XX. ¿Acaso no son las dos cosas prácticamente lo mismo?

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