«A los bardos les gustan las canciones de hombres buenos que se ven forzados a saltarse la ley para combatir a un señor malvado, pero la mayoría de los bandidos se parecen más a ese Perro rabioso que al señor del relámpago. Son hombres malvados, instigados por la codicia, amargados por la vida taimada; desprecian a los dioses y sólo se preocupan por sí mismos.
Los hombres quebrados pueden ser igual de peligrosos, pero también son dignos de compasión. Casi todos son gente sencilla, hombres del pueblo que nunca habían estado a más de media legua de la casa en la que nacieron hasta que un día, un señor cualquiera se los llevó a la guerra. Mal vestidos y mal calzados, marchan tras sus estandartes, a veces sin más armas que una guadaña o una hoz, o una maza que se han hecho ellos mismos atando una piedra a un palo con tiras de cuero.
Los hermanos marchan con los hermanos; los hijos, con los padres; los amigos, con los amigos. Han oído las canciones y las anécdotas, así que caminan con el corazón anhelante, soñando con las maravillas que verán, con las riquezas y la gloria que conseguirán. La guerra les parece una gran aventura, la mayor que vivirá la mayoría de ellos.
Luego prueban el combate.
Algunos se quiebran nada más probarlo. Otros aguantan años, hasta que pierden la cuenta de las batallas en que han intervenido, pero alguien que sobrevive a cien combates puede quebrarse en el ciento uno. Los hermanos ven morir a sus hermanos, los padres pierden a sus hijos, los amigos ven a sus amigos tratar de volver a meterse las tripas después de que los haya rajado un hacha.
Ven caer al señor que los llevó allí y, de repente, otro señor les grita que ahora lo sirven a él. Reciben una herida y, cuando todavía la tienen a medio curar, reciben otra. Nunca tienen comida suficiente; el calzado se les cae a pedazos de tanto caminar; la ropa se les desgarra y se les pudre, y la mitad se caga en los calzones porque ha bebido agua que no era potable.
Si quieren unas botas nuevas, una capa más caliente o, tal vez, un yelmo de hierro oxidado, tienen que quitárselo a un cadáver; no tardan en robar también a los vivos, a los aldeanos en cuyas tierras luchan, a hombres como los que eran antes ellos mismos. Les matan las ovejas y les roban las gallinas, y de ahí a llevarse también a sus hijas sólo hay un paso. Y un día miran a su alrededor y se dan cuenta de que todos sus parientes y amigos han desaparecido, de que luchan al lado de desconocidos y bajo un estandarte que ni siquiera identifican. No saben dónde están ni cómo volver a su hogar; el señor por el que luchan no sabe cómo se llaman, pero ahí está siempre, gritándoles que formen una línea con sus lanzas, sus hoces, sus guadañas, para defender la posición. Y los caballeros caen sobre ellos, hombres sin rostro envueltos en acero, y el retumbar de su ataque parece llenar el mundo…
Y el hombre se quiebra.
Da media vuelta y huye, o se arrastra entre los cadáveres de los caídos, o se escabulle en plena noche y busca un lugar donde esconderse. A esas alturas, los hombres quebrados ya ni piensan en volver a casa. Los reyes, los señores y los dioses les importan menos que un trozo de carne medio podrida que les permita vivir un día más, o un pellejo de vino agrio con el que ahogar sus miedos unas horas. Viven de día en día, de comida en comida; son más animales que humanos. En estos tiempos que corren los viajeros deben de cuidarse de los hombres quebrados y temerlos… pero también deberían compadecerlos.»
Fragmento de Festín de Cuervos, de George R. R. Martin.
Contexto insólito, extraño. Un partido de Champions en un desierto de público Olímpico de Roma por una sanción al club italiano. Las únicas voces que se oyen son, como si de una pachanga de barrio de tratara, de las pequeñas comitivas de cada equipo en la banda, atentas al resultado. El balón le cae en el área a uno de los nueves más singulares y enigmáticos de las últimas décadas, el búlgaro Dimitar Berbatov, entonces en el Bayer Leverkusen. Rodeado de defensas, se inventa su sombrero picándola de espaldas y supera la salida del portero y la acrobacia de Chivu con un ligero toque con el exterior. No se oye el murmullo de la hinchada romana ni el griterío de la alemana. Tan sólo una docena de voces del banco rojinegro.
Típico partido de UEFA de primeras rondas contra algún equipo desconocido. La fría Noruega, en este caso. Típico partido a medio gas y típico patadón del defensa (aún son mediados de los 90, amigos) en busca de alguna dejada y que algún delantero saque petróleo de algún rebote, rechace o error. Lo atípico lo hace, claro, un jugador atípico. Un hincha declarado del Everton que jugó casi toda su vida deportiva en el máximo rival. Desgarbado, pequeño, zurdo cerrado. Nada tiene que ver con el delantero tanque que se lleva en las islas. Y unos recursos técnicos, como ésta maravillosa espuela, que pocas veces se han visto en Inglaterra desde que se retiró el gran Robbie Fowler.
Los dos jugadores ofensivos italianos más importantes de los últimos 25 años coinciden en un modesto club lombardo. Uno es un veterano con rodillas de cristal que acaba de dar una de sus últimas clases magistrales en el campo que le vio ser coronado como mejor jugador de Europa casi una década antes. El otro, un joven que tras fracasar en un grande (el Inter) ha variado su posición desde la mediapunta al mediocentro, emplazamiento en el cual será el cerebro tanto del máximo rival de su anterior club (AC Milan) como del equipo al que se están enfrentando (la Juve), así como de la selección italiana con la que será campeón del mundo. Pirlo envía un pase desde la mitad del campo al gran Roberto Baggio que se inventa un control que a la vez es un regate. No le hace falta más que un sutil y milimétrico toque para irse del gigante Van der Sar y quedarse sin oposición para anotar. Es mucho más difícil crear una genialidad si encima ésta es tan simple, tan limpia, tan prístina. Y Baggio siempre fue un genio.
Cuando se critica a los Ramones, casi siempre se usa el mismo argumento: es muy fácil, lo puedo hacer yo si me das 5 minutos. Sí, es cierto, al igual que también lo es con muchas obras de arte contemporáneo. Pero fueron ellos los que lo hicieron, no tú. Al igual que el gol anterior de Baggio, éste del formidable Dennis Bergkamp parte de un concepto que sorprende que, de sencillo (que no fácil) y rotundo, no haya sido un recurso mucho más utilizado en el fútbol. Recibes de espaldas, la tiras suavamente a un lado, te das la vuelta, ganas la posición al defensa y defines ante el portero. Seguro que en alguna pachanga hasta te sale. Pero fue Bergkamp el que lo hizo antes. El que lo improvisó de repente en un partido. Porque como decía Picasso: para pintar como un niño primero tuve que aprender a pintar como Velázquez.
Es curioso lo de este gol. Se dio en un partido tan sumamente infame para el recuerdo del Deportivo de la Coruña y del fútbol español que es como si nunca hubiera existido. Tanto que me ha costado encontrarlo, que no aparece nunca en los vídeos de mejores goles de su autor y que aún así cuando lo he hallado es con mala calidad y sin una repetición donde deleitarse con uno de los mejores regates que he visto en mi vida. Aquella aciega noche de Champions, el Depor de Irureta cayó por un sonrojante 8-3 en el Luis II de Mónaco en un partido extrañísimo en el que el conjunto gallego no mereció tal castigo, fue una desasosegante pesadilla de la que parecía imposible despertar, llegando incluso en algún momento (con 4-2 y a punto de marcar el Depor) a dejarles vislumbrar la remontada para luego, cruelmente, darles el golpe de gracia. Esa noche fue un agujero negro que se tragó incluso una camiseta el día de su estreno, tanto cuerpo técnico como jugadores y aficionados pidieron que nunca jamás se utilizase tal equipación. Luego está el gol de Diego Tristán, claro, que es una maravilla que si se hubiera marcado en otras circunstancias nos hubiéramos cansado de verlo en los highlights de la Champions esa temporada.
Como cada año, os traigo los premios del absurdo científico del pasado año. Aunque este año veo un nivel más flojo que el de otros, hay algún que otro caso impagable:
Premio de psicología a Anita Eerland, Rolf Zwaan, y Tulio Guadalupe por su estudio «La torre Eiffel parece más pequeña por estar inclinada a la izquierda».
Premio de la paz a la empresa rusa SKN por convertir viejas municiones en nuevos diamantes.
Premio de acústica a Kazutaka Kurihara y Koji Tsukada de Japón por crear el SpeechJammer, una máquina que hace que a una persona le resulte muy complicado hablar haciéndole oír su propia voz con un cierto retraso.
Premio de neurociencia a Craig Bennett, Abigail Baird, Michael Miller, y George Wolford por demostrar que los investigadores, usando instrumentos complicados y estadísticas simples, pueden ver actividad cerebral significativa en cualquier sitio – incluso en un salmón muerto.
Premio de química a Johan Petterson por resolver el misterio de por qué en algunas casas de la ciudad sueca de Anderslöv el pelo de algunas personas se volvió verde.
Premio de literatura a la Oficina de Contabilidad General de los Estados Unidos por publicar un informe acerca de informes que recomienda la preparación de un informe acerca del informe acerca de informes acerca de informes. (a ver si no me dejé ninguno)
Premio de física a Joseph Keller, Raymond Goldstein, Patrick Warren, y Robin Ball por calcular las fuerzas que dan forma y movimiento a una coleta de pelo humano.
Premio en dinámica de fluidos a Rouslan Krechetnikov y Hans Mayer por estudiar lo que sucede cuando una persona camina con una taza de café en la mano.
Premio de anatomía a Frans de Waal y Jennifer Pokorny por descubrir que los chimpancés pueden identificar a otros chimpancés sólo con ver fotografías de sus traseros.
Premio de medicina a Emmanuel Ben-Soussan y Michel Antonietti por dar consejos para minimizar el riesgo de que sus pacientes exploten a doctores que practican colonoscopias.
Este joven imberbe eslovaco de 23 años recién cumplidos es la gran sensación del ciclismo mundial tras su espectacular año 2012 en el que consiguió, no sólo la friolera de 15 victorias (incluidas 3 del Tour de Francia así como el maillot verde), sino impresionar a propios y extraños por su potencia, inteligencia, precocidad, carisma y sentido del humor.
Nacido en Žilina, al norte de Eslovaquia, el 26 de enero de 1990, Sagan se interesó por el ciclismo desde temprana edad (su hermano mayor Juraj también es ciclista profesional) alternando sin distinción ciclismo de carretera y de montaña y brillando en ambas modalidades a nivel nacional. Como le pasará más tarde en profesional, Sagan comienza a destacar también por sus excentricidades. Muchas veces compite con zapatillas normales de calle y con camisetas de algodón. En la Copa de Eslovaquia, Sagan vende su bicicleta porque consigue un patrocinador que le dará una mejor, pero la bici no llega a tiempo por lo que el corredor compite con la barata bicicleta de su hermana. Gana la carrera. Tras ganar tanto el campeonato europeo como el mundial junior de ciclismo de montaña en 2008 (el año anterior había sido tercero en ambos) da el salto el año siguiente al ciclismo en ruta profesional al vestir el maillot del Dukla de su país natal como antes habían hecho los hermanos Velits. Con 18 años queda subcampeón en la París-Roubaix Junior y, tras ser rechazado por el Quick Step, es contratado por el potente Liquigas italiano, después de quedar impresionados por sus tests médicos.
En la París-Niza de 2010 Sagan se presenta en sociedad ante el público mundial. Tras llevarse dos etapas (una de ellas con 4.500 metros de desnivel) y la regularidad del Tour de California, Sagan consigue otras dos etapas en la ronda francesa batiendo en escapadas a corredores como Purito Rodríguez y Alejandro Valverde. Pero es el 2011 donde el corredor eslovaco explota definitivamente. Con tan sólo 21 años, logra 13 victorias (entre ellas el campeonato nacional de Eslovaquia y 3 etapas en su debut en la Vuelta a España) así como victorias finales en el Giro de Cerdeña y la Vuelta a Polonia, siendo el corredor con más triunfos del circuito sólo superado por el belga Philippe Gilbert y su insuperable año.
El 2012 no hace más que confirmar a Sagan como superestrella del pelotón, alzando los brazos en 16 ocasiones y en carreras tan prestigiosas como la Tirreno-Adriático, la Vuelta Suiza, de nuevo el Tour de California (logrando la friolera de 5 etapas) o los tres días de La Panne así como revalidando el campeonato de su país. Pero es en su espectacular debut en el Tour de Francia donde se corona, llevándose tres etapas y el maillot verde de la regularidad con tan sólo 22 años, venciendo tanto en sprints masivos por delante de especialistas como Cavendish o Greipel como en mediamontaña y consiguiendo el apodo de Tourminator y un Porsche que el dueño del equipo le había prometido si conseguía tal (improbable antes de comenzar la carrera) hazaña. Ese año, además, apesar de no lograr ninguna victoria en las clásicas de primavera, consigue posiciones de privilegio en carreras como el Tour de Flandes (quinto), la Amstel Gold Race (tercero), la Milán-San Remo (cuarto) o Gante-Wevelgem (segundo), adquiriendo una experiencia en el pavés que seguro no desperdiciará en su futuro (éste año ha declarado que Flandes es su objetivo prioritario de la temporada).
Venciendo sin despeinarse al líder Cancellara.
Por si las estadísticas no fueran ya suficientes por sí mismas para entender el impacto de Sagan en el ciclismo actual, a ellas se une la excéntrica personalidad del corredor. En Asturias se le recuerda con humor por algo ocurrido en la Vuelta del 2011, concretamente en el temible y legendario Angliru en el que Cobo sentenció la ronda y en el que el eslovaco realizó parte de la subida haciendo un caballito… sin manos, acto que ha repetido en más rondas. Además de Tourminator, Sagan se ha labrado durante su carrera otros apodos como Rambo, Forrest Gump (al que ha imitado en alguna llegada o incluso en videos promocionales de su equipo) o El Caníbal, mote que comparte con el más grande de todos los tiempos, el gran Eddy Merckx, con quien ha sido comparado debido a su precocidad, versatilidad e instinto ganador. Sin duda, cualquier comparación con el belga es una fantasía y el eslovaco tiene handicaps que debe mejorar (por ejemplo, nunca ha llegado en forma a la última parte de la temporada en la que se disputan carreras tan importantes como el mundial o el Giro de Lombardía), pero no recuerdo a ningún cilcista con un futuro como el que tiene Sagan, siendo un todoterreno y teniendo la inteligencia innata que tiene para el ciclismo lo cierto es que no tiene techo. El ciclista, en éste comienzo de 2013 sigue a lo suyo y en febrero ya ha conseguido dos triunfos en el Tour de Omán y continúa preparando la temporada primaveral que todos los clasicómanos adoran mientras sigue haciendo de las suyas: imitar a Forest Gump, disfrazarse de Spiderman en el Tour de California, hacerse pasar por un mendigo o dejando su impronta en las aficionadas. Genio y figura.
El gran dibujante escocés Eddie Campbell (From Hell, Alec) cuenta cómo en el número de su revista autoeditada Bacchus en el que el personaje Joe Teseo moría y se encontraba con Dios sufrió un bloqueo creativo. ¿Cómo representas un concepto tan manido y tantas veces recreado como ese? Campbell llamó a su hija de 9 años, le dio papel y colores y le dijo que lo dibujara ella. El resultado saldría en la portada de ese número y aparecería de nuevo años más tarde en El Destino del Artista (2010), muy interesante obra pseudobiográfica y metalingüística del artista en la que su hija (ya crecida) aparece incluso en una especie de fumetti (la obra abarca varios tipos de narración como la novela policiaca o la tira cómica sin ceñirse sólo al cómic tradicional).
No es la primera vez que Campbell protagoniza una improvisación del estilo. En el espeluznante y magistral capítulo 10 de From Hell, El mejor sastre del mundo, William Gull asesina y descuartiza a la última de las víctimas de Jack el Destripador. 38 páginas. Sin apenas diálogo. El desmembramiento de una mujer con una precisión, tanto física como histórica, quirúrgica. Un capítulo que hizo salir de un restaurante a tomar el aire dos veces a Neil Gaiman mientras el barbudo de Northampton le contaba cómo iba a ser («el rey de los cómics de terror Neil Gaiman, señoras y señores» comentaba con sorna). Alan Moore iba enviando los guiones de las paginas a Campbell de uno a uno y ya se tenía dibujada más de la mitad del capítulo cuando el genio barbudo se da cuenta de que ha cometido un tremendo error en su exhaustiva labor de documentación. El pecho amputado de la víctima no se halló según el informe policial en la mesita de noche (donde había sido representado en el cómic), sino en la cama al lado de la pierna derecha del cuerpo. Reescribir y volver a dibujarlo para que fuera así arruinaría semanas de trabajo y modificar tan sólo la página donde se cometía el hecho erróneo dinamitaría por completo el ritmo narrativo que ha trazado Campbell. ¿Qué hacer entonces? Moore y Campbell tienen una idea de una simplicidad genial: ¿y si el asesino puso el pecho cercenado en la mesita de noche pero después se arrepentió y lo cambió de sitio? ¿Por qué no pudo ser así? Así, finalmente en el cómic se muestra a Gull mirando pensativo hacia la mesita para después colocar el pecho al lado de la pierna de la mujer.
Dark Shadows (Tim Burton, 2012): Decía Robert Smith con acento manchego en un Testimonios de Muchachada Nui: un día vi una luz en el horizonte y era mi talento que se alejaba. Burton podría no sólo compartir estilista con el cantante de The Cure, también esa reflexión. Desde la deliciosa Sleepy Hollow (1999) sin hacer algo mínimamente decente y destrozando iconos populares como la Alicia carrolliana, la fábrica de chocolate de Dahl o la serie en que se basa ésta, bravo.
Ella y una aparición de Alice Cooper, lo único salvable.
American Gigolo (Paul Schrader, 1980). La parte de la prostitución en esa especie de trilogía del autor sobre los bajos fondos y su indisoluble relación con la, en apariencia, inmaculada sociedad junto con la anterior Hardcore, un mundo oculto (la pornografía) y Light Sleeper, Posibilidad de escape (los narcóticos ). La mejor interpretación de la carrera de Richard Gere en un thriller magníficamente escrito y dirigido por un Schrader que ya había dejado de ser sólo un gran guionista para convertirse en un director importante. Menos sórdida que la extraordinaria Hardcore (ese remake bastardo de Centauros del Desierto) pero igualmente perturbadora (sobre todo por lo que se intuye sobre el pasado del protagonista) y con un final que es, más que un homenaje, una declaración de amor a Pickpocket del gran Robert Bresson.
Oh, Jeanne… digo Michelle, qué extraño camino he tenido que tomar para llegar a ti.
Young Adult (Jason Reitman, 2011). Vuelta del tándem Diablo Cody-Jason Reitman que triunfó con la impostada y sobrevaloradísima Juno (2007) para una mordaz comedia sobre ese curioso fenómeno contemporáneo que son los adultescentes. Como en Beautiful Girls, un personaje en plena crisis existencial vuelve a su pueblo para dedicir qué hacer con su vida y de paso encontrarse con viejos amigos, lugares y recuerdos. Pero aquí Mavis, misántropa y alcohólica (brillantísima Charlize Theron, y sin necesidad de esa estúpida costumbre hollywoodiense de afearse como sinónimo de buena interpretación que ella misma utilizó en Monster), no se encuentra con una maravillosa y locuaz Natalie Portman sino con un tullido que fabrica en su garaje alcohol con un alambique casero (gran Patton Oswalt) y no rememora anécdotas con colegas porque en el instituto era una absoluta hija de puta. Llena de cargas de profundidad, verdades incómodas y patetismo a raudales, una bofetada certera y corrosiva sin ninguna concesión sentimental ni conclusión moral. Como debe ser.
Ésto sí es Romeo y Julieta versión disléxica.
Sleeping Beauty (Julia Leigh, 2011). Encuentro serias dificultades para describir la película. Bueno, voy a intentar hacer un esfuerzo: una puta mierda. Artificial, pretenciosa, con voluntad de impactar, sin ritmo. Sólo una cosa me gustó, hay una escena en una cafetería en la que suenan los irrepetibles Radio Birdman, así que esta vez no pongo foto de la peli sino que adjunto un video suyo.
Sucker Punch (Zack Snyder, 2011). Misma protagonista que la anterior, la aniñada Emily Browning, que aquí se acompaña de unas cuantas cachorras más para que las vistan de colegialas con corsé y les den katanas y M16s para que se carguen a dragones, zombies alemanes o robots. El sueño húmedo de un teen geek pajillero (triple redundancia, lo sé), es decir, el sueño húmedo de Zack Snyder. «El visionario director de 300 y Watchmen» como reza la publicidad, aunque mejor podían definirle como «el único director cuyas películas si las pusieran a velocidad normal durarían 20 minutos». El film adolece de todos los tics del director: desde el abuso de la cámara lenta hasta la inclusión de una banda sonora que chirría con las imágenes pasando por su barroquismo excesivo. Curiosamente, que la película sea básicamente un videojuego tonto ideado por Snyder juega a su favor, ya que puedes ver la obra disfrutando de ciertas imágenes (alguna hay) o sonrojándote de verguenza ajena (la mayoría) sin tener que cagarte en su puta madre ya que en esta ocasión el director no está destrozando un material de partida tan rico como los cómics de Miller y (sobre todo) Moore como hizo en sus dos anteriores atentados fílmicos.
Senderos de Gloria versión Snyder: pajas en ralentí.
La Novena Puerta (The Ninth Gate, Roman Polanski, 1999). Adaptación de El Club Dumas (o de una parte, más bien) de Arturo Pérez Reverte (y en la que participó Enrique Urbizu) por parte del exiliado director polaco, La Novena Puerta es un thriller marca de la casa de un Polanski que tiene tanto talento para esto de dirigir cine que incluso con el freno de mano puesto es capaz de sentar cátedra. No está entre sus obras maestras, por supuesto, y el guión tienes aspectos mejorables, pero está rodada con un oficio y una pericia sólo al alcance de uno de los mejores directores que quedan vivos. Le ha sentado muy bien el paso del tiempo desde que se estrenó, por cierto.
Toda la peli fumando sobre incunables, muy profesional.
Cabin in the Woods (Drew Goddard, 2011). Inteligentísima y sincera carta de amor al cine de terror ideada por Goddard y por un Joss Whedon al que se le nota el pulso y el sello en la película (además de participar algunos de sus actores fetiche como Amy Acker o Fran Kranz). Con puntos en común con la primera Scream o con la divertidísima Tucker & Dale versus Evil, Cabin in the Woods es una deconstrucción del género de terror (no sólo al slasher como puede parecer en principio) más ambiciosa que ellas y en la que la cantidad de referencias a obras icónicas anteriores son prácticamente incalculables. Repleta de sentido del humor y conocimiento del tema, una gratísima sorpresa totalmente imprescindible para los fans del género. Una recomendación: ver sabiendo poco o nada sobre su argumento.
Ñam.
No Hagan Olas (Don’t Make Waves, Alexander Mackendrick, 1967). Divertida comedia de enredo ambientada en la California hippie sixtie protagonizada por un Tony Curtis siempre fantástico rodando a las órdenes de Mackendrick (como demostrara una década antes en la soberbia Chantaje en Broadway junto a Burt Lancaster) y por una pareja femenina que de guapas tiran de espaldas: Claudia Cardinale y Sharon Tate. Ligera pero interesante (cualquier cosa firmada por ese gran director lo es) y con una canción de los Byrds compuesta especialmente para el film.
Sharon Tate en el mejor plano de la película.
Drive (Nicolas Winding Refn, 2011). La niña bonita del 2011, de largo lo mejor que ha dirigido su irregular director y que ha catapultado tanto a él como a Ryan Gosling a lo alto de Hollywood. Una buena y muy bonita película negra con una banda sonora que se adapta como un guante a la geografía de Los Angeles y con dos escenas antológicas: la anticlimática persecución inicial y la del ascensor, el auténtico corazón del film. No obstante, muy lejos de ser la obra maestra que le ha dado a la gente por decir a diestro y siniestro. Winding Refn abusa de la cámara lenta en no pocas ocasiones y en ciertas partes es efectista. Queda muy bien para sacarla en alguna conversación con alguna modernilla y conseguir meterle la lengua en su sucia boquita, eso sí. Y si alguien se acuerda de Kenneth Anger por lo de la chupa con el escorpión ya me vale.
Una tarde, en una de sus sesiones de psicoanálisis con una paciente habitual, Jung habla con ella sobre su último sueño en el cual le regalaban un escarabajo de oro (símbolo del renacimiento en el antiguo Egipto). En ese mismo instante, se escucha un golpe contra el cristal de la ventana, Jung se levanta, la abre y recoge lo que ha impactado: un escarabajo dorado, una especie rarísima en ese habitat. A partir de la experiencia, Jung define y desarrolla el concepto de sincronicidad.
Las sincronicidades («coincidencia temporal de dos o más sucesos relacionados entre sí de una manera no causal, cuyo contenido significativo sea igual o similar») se convierten en uno de los paradigmas de la magia del caos, versión moderna de la tradición mágica y hermética, poderosamente influenciada por las figuras de Aleister Crowley y Austin Osman Spare, y que cuenta entre sus confesos seguidores a creadores del mundo del cómic de la talla de Alan Moore, Grant Morrison o Steve Moore. Parece, por tanto, que el pensamiento mágico y el mundo del cómic se atraen y retroalimentan (no hay que olvidar que el universo de guionistas como Neil Gaiman o Alejandro Jodorowsky está también trufado de conceptos, simbología y referencias mágicas) por encima de cualquier otro medio moderno (en cine sería el gran Kenneth Anger su heraldo, quedando prácticamente vacía la lista tras él, pudiendo meter a directores como el propio Jodorowsky, Harry Smith o Curtis Harrington en ella). Quizá la razón de esa osmosis entre cómic y magia sea que la mezcla de dibujos y narración es el catalizador más adecuado a la hora de transmitir la antigua alquimia, mitología, sabiduría mágica. Parafraseando a Mercurio, dios romano del lenguaje, en Promethea del genio barbudo: «¿cómo podrían los humanos percibir a los dioses que son esencias abstractas si no los vistieran con símbolos, historias, imágenes? …o historias con imágenes, ya que estamos. La escritura jeroglífica, dibujos en vasijas. Además, ¿acaso manifestarse a través de la forma pictográfica original de la lengua no es lo más adecuado para un dios del lenguaje?».
No sorprende, por tanto, que algunas sincronicidades tengan como protagonistas a personajes o autores del noveno arte. Alan Moore ha utilizado numerosas veces la figura de Aleister Crowley como personaje en sus obras, incluida From Hell, donde la Bestia aparece de niño comentando al inspector que los asesinatos de Jack el destripador tienen un fin mágico mientras come un dulce en forma de palito. En una convención, un seguidor thelemita se acercó a Moore y le felicitó por mostrar al infante Crowley haciendo uno de sus gestos arquetípicos: el de silencio, llevándose el índice a los labios, en este caso utilizando el palito de dulce en vez del dedo. El escritor de Northampton se disculpó y contestó que no sabía de qué hablaba, cogió el libro y comprobó para su sorpresa que era cierto. Tampoco es el único caso de Moore con algún hecho excepcional, de hecho le gusta contar cómo a veces se ha encontrado en la vida real con personajes de sus cómics, en especial con John Constantine, con quien dice haberse encontrado y charlado en un bar. No era un fan disfrazado, sino el propio Constantine salido de entre las páginas de sus obras para tomar algo y hablar tranquilamente con un atónito Moore.
La anécdota sobre personajes que saltan al plano real desde la ficción no es tampoco nueva. Tras morir el escritor pulp Walter B. Gibson, por su casa pasaron numerosos inquilinos y todos tenían una cosa en común: se quejaban aterrados de ver una figura masculina con traje, capa y sombrero oscuros deambulando por la casa. Lo que ellos no sabían es que el personaje más famoso que había creado Gibson era La Sombra.
Tampoco podía faltar, claro, Grant Morrison. El escocés afirma que antes de realizar esa obra maestra que es All Star Superman se encontró junto a su editor en una convención a un tipo vestido de el hombre de acero, cosa para nada extraordinaria en esos eventos, sin embargo a a pareja le resultó curiosa tanto su imagen (nada que ver con la de los típicos cosplays, parecía Kal-El en carne y hueso) como la manera en que les hablaba, como si fuera el auténtico Superman. Morrison estuvo charlando con él y haciéndole preguntas sobre el personaje icónico de DCy afirma que muchas ideas y puntos de vista de la obra fueron germinados en ese curioso encuentro. También una obra de Morrison, aunque en éste caso con su habitual compañero Frank Quitely como protagonista ha dado que hablar mucho por internet en los últimos tiempos. En el número 3 de su Batman & Robin el magnífico dibujante creó una portada que, al darle la vuelta, se convertía en un dibujo muy parecido al Joker de La Broma Asesina de Moore y Brian Bolland. Tanto Morrison como Quitely afirmaron no saber nada del supuesto homenaje a la mítica obra de Batman y el último se mostró muy sorprendido a la vez que alegaba que era imposible que hubiese sido a propósito ya que la sonrisa del Joker aparece al colocar el logo de la colección, inexistente en su lámina primigenia.
Sé que el título de la entrada podría dar a equívocos y que la gente (los cuatro gatos que se pasan por aquí para comprobar que mi caída en la oligofrenia no tiene fin) podría pensar que es un post sobre el proyecto maldito de David Lynch llamado así, un proyecto sobre un teenager híbrido humano-aparato electrónico que se enchufa a la corriente para cantar con su grupo de rock ‘n’roll y se ve envuelto en una trama detectivesca (pueden leer el guión aquí) que es algo así como el Gangs of New York de Scorsese o el Napoleón de Kubrick, lleva décadas intentando realizarlo pero no se sabe si finalmente se hará.
Pero no, el post trata sobre el ilustre Ronnie O’Sullivan, el cohete, el Mozart del snooker. Nacido en diciembre de 1976 en Essex (Inglaterra), de madre siciliana y padre de origen irlandés, The Rocket es el jugador con más talento natural que ha dado la historia del snooker. Su lista de récords casi no tiene fin: ganó sus primeros 38 partidos como profesional a los 16 años; se convirtió en el jugador más joven en ganar un torneo del ranking, nada menos que el UK Championship (junto en con Campeonato Mundial, el torneo más prestigioso del circuito), con tan sólo 17 años; ostenta el record del break máximo más rápido de toda la historia (5 minutos y 20 segundos, video aquí abajo); es, junto al reciéntemente retirado Stephen Hendry, el jugador que más breaks máximos ha conseguido con 11; y es, tras el legendario Hendry, el que más centenas ha logrado (666, the nuuuuumber of the beeeeeast).
Pero lo que hace de O’Sullivan alguien único e irrepetble no son tanto sus récords o títulos (por otra parte impresionantes, 3 veces campeón del mundo, 4 UK Championships, 4 Masters, 10 Premier League y un interminable etcétera) sino su extremadamente agresivo y veloz estilo de juego que le ha valido el apodo de The Rocket, sin parangón en el mundo del snooker moderno. Otra cosa que llama la atención nada más verle es su casi total indiferencia en utilizar ambas manos, a pesar de ser diestro utiliza en casi todos los frames su mano izquierda para facilitar determinados ángulos sin perjuicio de su juego. Tras ser acusado de ser irrespetuoso por decirle a otro jugador que él era mejor con su zurda que él con su mano buena fue condenado a jugar tres frames oficiales sólo con su izquierda contra el subcampeón del mundo Rex Williams. Ronnie ganó los tres.
Ronnie & Ronnie, lo que el pub ha unido que no lo separe el hombre
Sin lugar a dudas, es el jugador con más talento, el más carismático y el más divertido de ver por los aficionados, pero si algo se le puede achacar son sus lagunas de concentración y/o motivación y sus malas rachas que han hecho su palmarés no sea aún mayor. Ronnie, cuyo padre cumple cadena perpetua por asesinato, sufre de depresión clínica y ha tenido varios episodios de problemas con las drogas (de hecho afirma que a su actual esposa y la madre de dos de sus tres hijos la conoció en Narcóticos Anónimos), hechos que han visto que su juego en determinadas épocas se viera resentido e incluso fuera protagonista de espectáculos delirantes: yo no olvidaré en mi vida la vez que viéndole en directo fue sancionado porque, ante unos atónitos comentaristas y público, metió la mano en la mesa y tiró una bola porque «no quería jugar tan lejos» (era un campeonato en China) o la vez que se pasó un partido entero sentado con una toalla tapándole la cabeza. En fin, es Ronnie.
En el capítulo central de Century, la tercera parte de La Liga de los Hombres Extraordinarios de Alan Moore y Kevin O’Neill, la acción pega un tremendo brinco y del año 1910 pasa al swinging Londres de 1969. Los decimonónicos héroes Mina Murray y Allan Quatermain acompañados por el inmortal sexocambiante Orlando se las verán, de nuevo, con el temible Oliver Haddo rodeados de minifaldas, rock & roll, drogas y amor libre.
Desde el inaugural 1910, Alan Moore deja claro que la tercera entrega de su Liga no tiene nada que ver con las dos anteriores. Mientras éstas eran deliciosos crossovers entre distintos héroes y villanos de la ficción de la época con exquisitas y documentadas referencias tanto a hechos reales como literarios, en Century el genial escritor barbudo hace que la historia sea más hermética (en los dos sentidos de la palabra) y que el centro de la narración sea justamente esas referencias que abarrotan el relato y que se hace prácticamente imposible detectarlas y numerarlas en su totalidad.
La historia podría resumirse de forma muy simple: el intento de Oliver Haddo (Aleister Crowley) de poseer el cuerpo del rockstar Terner (Mick Jagger) como primer paso para crear un nueva era mundial. Para un lector que no conozca un mínimo de la historia del ocultista más famoso de la historia y de la banda más grande del rock, leer éste cómic puede atragantarse debido a la cantidad de alusiones, recovecos y pequeñas observaciones que se reproducen a lo largo del relato, sin dejar de lado, por supuesto, el bagaje histórico-literario que no deja de lado su vertiente más pop que maneja con soltura Moore.
El cómic comienza con la famosa muerte de Brian Jones (Basil Thomas aquí) en la piscina de su casa, cuyas causas a día de hoy aún no han sido totalmente esclarecidas (aunque todo parece apuntar a que el obrero que estaba haciendo las reformas en su casa le ahogó de forma accidental tras ir ambos puestos hasta arriba). El dibujo de O’Neill nos muestra la estatua de Winnie the Pooh jugando con Christopher Robin que presidía la mansión y es que antes de que el rolling stone rubio la comprara había pertenecido a A. A. Milne, su creador. La muerte de Jones alerta a la Liga sobre una posible conspiración ocultista sobre la que su antiguo miembro Carnacki les había prevenido décadas antes así como relaciona en una trama rock-gangsteril a personajes de la cultura popular como Jack Carter (interpretado en la famosa Get Carter -Asesino implacable en España- por Michael Caine) o Lovejoy, de la serie inglesa protagonizada por Ian McShane (sí, amigos, nuestro querido Al Swearengen).
Terner (Jagger) cantando en el mítico concierto de homenaje a Basil Thomas (Brian Jones) en Hyde Park, llamado así por el sacrificio de Mr. Hyde en el volumen II.
Moore renombra a sus satánicas majestades (eminencias infernales aquí) como The Purple Orchestra y a los Beatles como The Rutles, mientras que Mick Jagger es llamado aquí Terner. Pero más que al famoso cantante, el Jagger de Century tiene más similitudes con su personaje en Performance de Nicolas Roeg y Donald Cammell, cuyo nombre es… Turner. No es muy difícil intuir que la rubia que le acompaña, Phurber, no es otra que Anita Pallenberg, cuyo personaje en la misma película se llama Pherber. Está no será la única alusión a Performance en el cómic ya que en una nueva aparición (ya había salido en 1910) del fascinante personaje «el prisionero de Londres» (creado en la novela Slow Chocolate Autopsy por Ian Sinclair y que cuenta las aventuras de un hombre que viaja continuamente por el tiempo pero condenado a no poder salir de los confines de Londres), misteriosa fuente de información de la Liga, menciona en uno de sus encriptados y casi ininteligibles mensajes a Roeg («montaje profético») y Cammell («dice ser su ahijado») cuando es preguntado por la trama.
No es la primera vez que Alan Moore menciona a Nicolas Roeg en sus cómics, además se pueden leer entrevistas en las que alaba Performance y Amenaza en la Sombra (Don’t Look Now, imprescindible obra de terror de 1973 protagonizada por Donald Sutherland y la maravillosa Julie Christie) así que no extraña su comentario hacia los visionarios montajes de sus películas. ¿Pero aqué se refiere el prisionero de Londres con lo de «Cammell dice ser su ahijado»? Pues nada más y nada menos que a Aleister Crowley, amigo íntimo de Charles Richard Cammell, padre del futuro director de culto quien afirmaba que La Bestia era su padrino, que se había pasado su niñez con él por casa y que la relación entre padre y padrino acabó porque Crowley, en un acto muy propio de él, no le devolvió un dinero que Cammell padre le había prestado. Y es que es cuando Crowley (Oliver Haddo) sale a escena cuando Moore (que ya ha utilizado su personaje en From Hell o Promethea) saca a relucir su descomunal capacidad para encajar referencias.
Oliver Haddo, el villano de Century, está claramente basado en Aleister Crowley, tal es así que el propio nombre de Haddo viene de una novela del popular escritor W. Somerset Maugham llamada El Mago (y llevada al cine por Rex Ingram en los años 20). Somerset Maugham, quien había conocido a Crowley en el París de comienzos del siglo XX (cita indispensable para los intelectuales de la época) escribió su relato basándose en el ocultista creando un personaje peyorativo y mezquino. La venganza de la Bestia no se hizo esperar, y lo hizo a su estilo: Crowley escribió una columna en Vanity Fair titulada How to Write a Novel! (After W. S. Maugham) en la que desmenuzaba las obras en las que Maugham se había basado para escribir la suya (desde La Isla del Dr. Moreau de Wells hasta obras de ocultistas como Eliphas Levi o su maestro y -después rival- en la Golden Dawn Samuel «McGregor» Mathers) y lo acusaba de plagio mientras irónicamente firmaba el texto como Oliver Haddo.
Haddo en el cómic utiliza múltiples alter egos: Dr. Karswell (personaje de La Noche del Demonio de Jacques Tourner), Dr. Trelawney (de la saga literaria Una danza para la música del tiempo de Anthony Powell), Hjalmar Poelzig (personaje de Boris Karloff en Satanás -The Black Cat- del director de culto Edgar G. Ulmer), Adrian Marcato (el legendario brujo y antiguo jefe de la secta en La Semilla del Diablo de Roman Polanski), Mocata (el personaje interpretado por Charles Grey en La Novia del Diablo -The Devil Rides Out- del maestro de la Hammer Terence Fisher), Kosmo Gallion (brujo que aparecía en un capítulo de Los Vengadores y que responde a las iniciales K.G. del discípulo real de Crowley Kenneth Grant) o Tom Riddle (nada menos que el Lord Voldemort de la popularísima saga de Harry Potter). Lo que tienen los distintos carácteres en común es obvio: todos están basados en la figura, más o menos mitificada, de Aleister Crowley. Moore, así, a la vez que da forma a la trama de un peligroso villano inmortal hace un repaso de la influencia de la figura crowleyana en la cultura popular del siglo XX. ¿Acaso no son las dos cosas prácticamente lo mismo?
El último recurso de Los Vengadores en The Ultimates contra una amenaza alienígena que está a punto de destruir la Tierra: darle de bofetadas a Bruce Banner y, una vez convertido en Hulk, decirle que los extraterrestres se están follando a su novia y llamándole maricón.
Capitán América: ¡Hulk! ¡No lo entiendes! ¡No se trata de ti o de mí! ¡Se trata de tu novia!
Hulk: ¿Qué sabe estúpido hombre azul de Betty Ross? ¡Hombre azul, di a Hulk o Hulk empieza a espachurrar cabeza!
Capi: No sé mucho…aparte del hecho de que aquel tío desnudo de allí dice que se la ha estado tirando todo el tiempo que tú has estado aislado.
Hulk: ¿QUÉ? (golpeando al tío desnudo) ¿Tío desnudo cree que Hulk es estúpido? ¿Tío desnudo cree que Hulk no lo descubre? Hulk enseña a tío desnudo qué pasa si toca a la novia de Banner…¡Hulk toca a tío desnudo como tío desnudo toca a Betty!
Hulk: ¡Tío desnudo se cree muy listo, pero el cerebro no gana peleas! ¡Banner tiene cerebro y la gente pisotea a Banner! Lo único que importa es la fuerza…¡y Hulk es el más fuerte del mundo!
Capitán América: ¡Atención, Hulk! ¡Te habla de nuevo el Capitán América! ¿Ves esas naves del cielo? ¿Las máquinas triangulares? Bueno, antes he hablado con los pilotos, ¿y sabes qué me han dicho? ¿Sabes lo que dijeron de ti, Hulk? Te han llamado mariquita, chico…¿Vas a dejar que se queden tan anchos?
Hulk: ¡No! Hulk no es mariquita… (abalanzándose sobre las naves) ¡¡HULK HETERO!!
El final se puede deducir, lo cierto es que en los Vengadores del gran Mark Millar, Hulk no le gusta un pelo que nadie salga con su novia, más si es una estrella de cine para adolescentes:
Dr Hank Pym: Oh, Dios mío. ¿Banner ha hecho todo esto en diez minutos? (plano aéreo de helicópteros transportanto a Pym convertido en Hombre Gigante por un Manhattan hecha añicos).
Nick Furia: Según las fotos satélite, ha asesinado a docenas de personas, se ha bebido un camión de cerveza y ahora mismo parece que está robando un enorme par de pantalones a un cadáver gordo, Hombre Gigante. Imagínate lo que va a hacer cuando pille a su novia con Freddie Prinze Jr.